domingo, 28 de febrero de 2010

Deep Blue Sea

En Acuática, una instalación marítima, se realizan experimentos con tiburones para lograr una cura contra el Alzheimer y otras enfermedades degenerativas. La falta de avances en el proyecto obliga a la doctora encargada de la investigación a acelerar el proceso introduciendo mutaciones genéticas en los escualos para aumentar su cerebro esto provoca también un aumento de su inteligencia. La situación se complica cuando una fuerte tormenta y diversos accidentes dañan la instalación y dejan atrapadas en su interior a un grupo de personas que deberán enfrentarse a los voraces e inteligentes tiburones...


Tardé bastante tiempo en recuperarme del trauma sufrido tras ver Tiburón (Steven Spielberg, 1975) y esta película volvió a despertar en mí el miedo al mar.

Dirigida por el no demasiado afortunado director de origen Finlandés Renny Harlin autor entre otras de la cuarta parte de pesadilla en Elm Street, la segunda parte de La Jungla de Cristal, la infravalorada La isla de las cabezas cortadas o la bastante interesante Cliffhanger, Deep Blue Sea nos devuelve uno de los iconos del terror contemporáneo: el Tiburón.

La acción nos sitúa en un entorno cerrado y claustrofóbico donde los tiburones campan a sus anchas por pasillos y habitaciones parcialmente inundados olvidando los grandes espacios abiertos (aunque, en cierto modo y hay esta su genialidad, también claustrofóbicos) del Tiburón de Spielberg.


Con un arranque que es un claro homenaje a las anteriores películas de tiburones (prácticamente un genero) y un inicio donde, dentro del estilo más clásico de las películas de “catástrofes” se nos presenta a los personajes: la doctora obsesionada por lograr la cura a cualquier precio, el cazador de tiburones con oscuro pasado, el jefe de la empresa preocupado por los beneficios, el cocinero simpático, etc... no escapa de los convencionalismos pero es adecuado al tono del film…entonces la película “estalla” literalmente y con un ritmo trepidante arrastra al espectador junto a los personajes en una huida desesperada y en una lucha a muerte contra los temibles escualos (en este caso tres). La película no da ni un segundo de respiro y el espectador no puede más que dejarse llevar hasta un explosivo final (que recuerda el de la antes nombrada Tiburón, uno más de los variados homenajes al film de Spielberg) al que hay que agradecer que no tenga el típico “susto” de última hora o sea un final abierto.


Desgraciadamente el reparto es simplemente correcto destacando la hermosa Saffrom Burrows (no en su mejor papel cuando a su personaje podía sacársele bastante jugo), el siempre efectivo Samuel L. Jackson (que protagonizará una de las escenas más impactantes del film) y Michael Rapaport (aquí poco más que un alivio cómico). El protagonista Thomas Jane (El Castigador en la fallida penúltima versión del personaje Marvel) es una especie de “action man” embutido en traje de neopreno con escaso carisma.



Pese a estos defectos de casting, la película nos da una hora y cuarenta minutos de acción sin tregua, momentos de tensión y nervios en los que la adrenalina se dispara, además de una visión nueva y diferente de las típicas películas de tiburones.

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